33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.
34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
Lucas sitúa esta oración en el momento de la crucifixión, rodeada de burlas, violencia y decisiones injustas. Jesús no llamó bueno al mal ni negó la gravedad de la agresión. Sin embargo, rehusó entregar su corazón al odio. Su petición muestra que el perdón cristiano nace de la gracia y reconoce que muchas personas actúan desde la ceguera espiritual, el miedo o la dureza. Perdonar no siempre elimina las consecuencias ni restaura de inmediato una relación peligrosa. Puede comenzar como una decisión ante Dios: no alimentar deseos de venganza y dejar la justicia en sus manos. Hoy, presenta al Señor el nombre de alguien que te ha herido. Si todavía no puedes sentir afecto, pide al menos libertad para no devolver mal por mal y sabiduría para mantener límites sanos.
¿Qué parte de la ofensa necesitas entregar a la justicia de Dios en lugar de cargarla tú?
Ora por la justicia y el arrepentimiento de la persona que te hirió, sin exponerte a nuevos daños.
Padre, miro a Jesús en la cruz y recibo su ejemplo de misericordia. Ayúdame a renunciar a la venganza, discernir los límites necesarios y confiar en tu justicia perfecta. Amén.
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