26Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.
27Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.
Ezequiel habló a un pueblo exiliado que había sufrido las consecuencias de su rebelión. La promesa de restauración no se limitaba a devolverles una tierra; Dios quería transformar la disposición interior que había producido su fracaso. Un corazón de piedra no responde, pero un corazón nuevo puede escuchar, arrepentirse y obedecer mediante la obra del Espíritu. Tus reacciones no tienen que quedar definidas por la historia que has vivido. El Espíritu Santo puede formar una respuesta distinta cuando aparece la crítica, el rechazo o el recuerdo de una ofensa. Hoy, antes de contestar a alguien con dureza, detente, respira y pide: «Señor, gobierna mi corazón». Después, elige una frase que comunique verdad sin violencia. La transformación se demuestra en pequeñas decisiones repetidas.
¿En qué situación reciente reaccionaste desde la dureza en lugar de responder guiado por el Espíritu?
Antes de una conversación difícil, ora en silencio y prepara una respuesta que sea verdadera, clara y respetuosa.
Espíritu Santo, ablanda lo que se ha endurecido en mí. Cambia mis reacciones, renueva mis deseos y enséñame a caminar en obediencia cuando sanar todavía requiere tiempo y paciencia. Amén.
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