31Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.
Jesús dirigió estas palabras a personas que habían comenzado a creer en él. No les ofreció una emoción pasajera, sino una relación perseverante con su enseñanza. Permanecer implica continuar escuchando, obedeciendo y dejando que la verdad confronte nuestras justificaciones. La libertad que promete no consiste en hacer todo lo que deseamos, sino en dejar de vivir esclavizados por la mentira, el resentimiento o el miedo. Cuando una herida nos convence de que nunca podremos confiar, la palabra de Cristo nos ayuda a distinguir prudencia de aislamiento. Hoy, examina una frase interior que te domina: «nadie cambia», «siempre me harán daño» o «debo vengarme». Compárala con el carácter de Jesús y reemplázala por una verdad bíblica. La libertad crece cuando la verdad dirige nuestras decisiones diarias.
¿Qué mentira sobre ti, sobre los demás o sobre Dios necesitas confrontar con la enseñanza de Jesús?
Escribe una mentira que te limita y, junto a ella, una verdad bíblica que puedas repetir y practicar hoy.
Jesús, enséñame a permanecer en tu palabra cuando mis emociones griten lo contrario. Libérame de las mentiras que alimentan mi dolor y forma en mí una obediencia sincera, firme y humilde. Amén.
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