17Aunque la higuera no florecerá, Ni en las vides habrá frutos; Mentirá la obra de la oliva, Y los labrados no darán mantenimiento. Y las ovejas serán quitadas de la majada, Y no habrá vacas en los corrales;
18Con todo yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salud.
19Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual pondrá mis pies como de ciervas, Y me hará andar sobre mis alturas
Habacuc llega a esta confesión después de cuestionar a Dios por la violencia y la injusticia. Su alegría no es superficial ni nace de una abundancia visible. El profeta imagina la pérdida de los recursos básicos y, aun así, afirma que Dios seguirá siendo su fuerza. La fe madura puede convivir con preguntas y escasez. Esta palabra no nos autoriza a romantizar la pobreza ni a ocultar la necesidad. Nos llama a diferenciar entre la fuente de nuestra dignidad y las circunstancias que pueden cambiar. Podemos buscar ayuda, reclamar justicia y trabajar por soluciones sin convertir los resultados materiales en la medida final de nuestra esperanza. El Señor sostiene nuestra identidad cuando la cosecha tarda o disminuye.
¿Qué resultado material estás usando como medida principal de tu seguridad o de tu valor personal?
Comparte una comida, recurso o tiempo con alguien que atraviesa escasez, respetando su dignidad y sin exhibir el gesto.
Señor, recibe mis preguntas y mis temores ante la escasez. Sé mi fuerza cuando falten recursos, guíame hacia la solidaridad y enséñame a encontrar en ti una esperanza más profunda que las circunstancias. Amén.
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