1JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo:
2Por el cual también tenemos entrada por la fe á esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
3Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;
4Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
5Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.
Pablo escribe a creyentes que ya han recibido la paz con Dios, no a personas con una vida garantizada sin conflictos. Desde esa reconciliación, interpreta el sufrimiento como un lugar donde pueden formarse perseverancia y carácter. No afirma que el dolor sea bueno en sí mismo, ni culpa al que sufre; muestra que Dios puede obrar en medio de él. Cuando atravesamos una presión prolongada, es fácil preguntar solamente cuándo terminará. La esperanza también nos invita a preguntar qué clase de persona estamos aprendiendo a ser mientras esperamos. Perseverar puede significar pedir ayuda, mantener una palabra dada, descansar sin culpa o continuar haciendo el bien. El amor de Dios sostiene el proceso y no abandona nuestra vulnerabilidad.
¿Qué respuesta fiel puedes practicar en tu dificultad actual que contribuya a formar un carácter más paciente y compasivo?
Elige una conducta perseverante pequeña y repítela hoy, aunque no recibas reconocimiento ni veas resultados inmediatos.
Padre, gracias por reconciliarme contigo en Cristo. En mis pruebas, sostén mi perseverancia, forma mi carácter y derrama tu amor sobre mi corazón para que no pierda la esperanza. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.