365 días con DiosUna mañana. Un encuentro.
Viernes, 4 de diciembre de 2026 · otro día
Día338
VIVIR CON ESPERANZA Y PROPÓSITO

Paz en la tormenta

Marcos 4:35-41 RV1909

35Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.

36Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.

37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía.

38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

39Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.

40Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

Marcos 4:35-41 Paráfrasis: Jesús y sus discípulos cruzan el lago cuando una tormenta amenaza con hundir la barca. Jesús calma el viento y el mar, y luego confronta el temor de sus discípulos y su dificultad para confiar.

Los discípulos obedecieron a Jesús y aun así encontraron una tormenta. El relato corrige la idea de que seguir a Cristo elimina toda dificultad. Mientras ellos luchan con el miedo, Jesús permanece en la barca. Su pregunta no minimiza el peligro; revela que la presencia del Maestro debe transformar la manera de atravesarlo. Hay días en que nuestra fe se parece más a un grito que a una certeza tranquila. Podemos llevarle a Dios el cansancio, pedir ayuda y seguir remando sin avergonzarnos por sentir temor. La esperanza cristiana no consiste en controlar el clima de la vida, sino en recordar quién acompaña nuestra travesía y responder con fidelidad cuando el agua todavía se mueve.

Para reflexionar

¿Qué temor concreto está ocupando hoy más espacio en tu mente que la presencia de Jesús?

Un paso para hoy

Durante cinco minutos, apaga las notificaciones, respira con calma y presenta a Dios tu temor usando palabras específicas.

Oremos

Jesús, entra en mis temores sin reprochar mi fragilidad. Ayúdame a confiar en tu presencia, a pedir auxilio con sinceridad y a continuar obedeciendo aunque la tormenta no termine inmediatamente. Amén.

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365 días con Dios · José Daniel Pulido Betancor
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