7No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
8Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
9No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado.
10Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien á todos, y mayormente á los domésticos de la fe.
Pablo escribió a iglesias confundidas por enseñanzas que podían separar la fe de una vida guiada por el Espíritu. En este cierre, usa la imagen de la siembra para hablar de responsabilidad y perseverancia. Hacer el bien puede cansar, especialmente cuando el fruto tarda o no es reconocido. Por eso anima a aprovechar cada oportunidad, comenzando por la familia de la fe y extendiéndose a todos. Cultivar gratitud y generosidad es una tarea de temporada larga. Habrá días de abundancia y días de agotamiento; ambos necesitan sabiduría. Escoge una práctica que puedas mantener: una aportación, una visita, una mesa abierta o una hora de servicio al mes. Revisa cada cierto tiempo si sigue siendo saludable y útil. No estás llamado a salvar a todo el mundo, pero sí a no pasar por alto el bien que hoy puedes hacer.
¿Qué práctica de gratitud o generosidad quieres mantener cuando termine este recorrido?
Elige una práctica mensual de servicio o generosidad, anótala en tu calendario durante seis meses y compártela con alguien que pueda animarte.
Señor, ayúdame a no cansarme de hacer el bien. Afirma mis pasos, enséñame a cuidar mis fuerzas y guíame hacia oportunidades concretas para compartir tu amor con todas las personas. Amén.
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