365 días con DiosUna mañana. Un encuentro.
Lunes, 9 de noviembre de 2026 · otro día
Día313
CULTIVAR GRATITUD Y GENEROSIDAD

Una mesa para el profeta

2 Reyes 4:8-17 RV1909

8Y aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer principal, la cual le constriñó á que comiese del pan: y cuando por allí pasaba, veníase á su casa á comer del pan.

9Y ella dijo á su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón de Dios santo.

10Yo te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere á nosotros, se recoja en ella.

11Y aconteció que un día vino él por allí, y recogióse en aquella cámara, y durmió en ella.

12Entonces dijo á Giezi su criado: Llama á esta Sunamita. Y como él la llamó, pareció ella delante de él.

13Y dijo él á Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero: ¿qué quieres que haga por ti? ¿has menester que hable por ti al rey, ó al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.

14Y él dijo: ¿Qué pues haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

15Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró á la puerta.

16Y él le dijo: A este tiempo según el tiempo de la vida, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.

17Mas la mujer concibió, y parió un hijo á aquel tiempo que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida.

2 Reyes 4:8-17 Paráfrasis original: Una mujer de Sunem reconoció el servicio de Eliseo, le ofreció comida y preparó un espacio sencillo para que pudiera descansar durante sus viajes.

La mujer sunamita no esperó una campaña ni una petición pública. Observó que Eliseo pasaba por su región y discernió una necesidad práctica: descanso y acogida. Su hospitalidad fue organizada con sencillez, respetando sus posibilidades. El relato muestra que recibir a alguien puede ser una manera de participar en la obra de Dios sin ocupar el centro de la escena. La hospitalidad no exige una casa perfecta ni grandes recursos. Puede consistir en preparar una mesa sencilla, ofrecer un sofá, incluir a alguien en una conversación o preguntar por sus restricciones alimentarias. Practícala sin convertirla en examen de generosidad. El objetivo es que la otra persona se sienta atendida, no impresionada. Observa qué gesto concreto haría más fácil el descanso de alguien cansado.

Para reflexionar

¿Qué persona que sirve o trabaja mucho necesita recibir cuidado en vez de recibir otra demanda?

Un paso para hoy

Invita a una persona cansada a compartir una comida sencilla y prepara con antelación algo que facilite su descanso.

Oremos

Señor, enséñame a observar el cansancio ajeno. Que mi casa, mi mesa y mi tiempo sean espacios de descanso, respeto y cuidado para quienes sirven a otros. Amén.

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365 días con Dios · José Daniel Pulido Betancor
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