33Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.
Jesús pronunció estas palabras antes de su arresto, cuando sus discípulos iban a enfrentarse a una noche que no comprendían. No les ofreció una vida sin aflicciones; les ofreció su propia paz y una perspectiva más grande que la crisis. El sufrimiento no sería la última palabra, aunque durante un tiempo pareciera dominarlo todo. Esta promesa nos ayuda a distinguir entre presión y derrota. Puedes reconocer que una situación duele, pedir ayuda y actuar con prudencia sin concluir que Dios te ha abandonado. En una conversación tensa, una noticia difícil o una incertidumbre prolongada, detente antes de reaccionar y recuerda que Cristo sigue siendo digno de confianza. Su victoria sostiene una paz realista, no una negación de lo que ocurre.
¿Qué presión estás interpretando como una derrota definitiva, aunque todavía puedas responder con confianza en Cristo?
Antes de responder a la próxima situación estresante, guarda dos minutos de silencio y repite con calma que Jesús ha vencido.
Jesús, enséñame a vivir con paz sin negar mis dificultades. Afirma mi corazón en tu victoria y ayúdame a responder hoy con verdad, paciencia y esperanza firme. Amén.
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