10No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Isaías habla a un pueblo pequeño y vulnerable que necesita recordar quién está a su lado. La promesa no dice que no habrá amenazas, sino que la presencia de Dios será mayor que ellas. Su mano no elimina nuestra responsabilidad, pero sí cambia la manera de afrontar lo difícil: ya no luchamos desde el abandono, sino desde la compañía del Señor. Hoy, cuando aparezca el miedo, ponle nombre delante de Dios. Después, identifica la siguiente decisión fiel que puedes tomar, aunque sea pequeña. No necesitas resolver todo en un día; necesitas caminar sostenido por quien no te abandona. La valentía cristiana no consiste en no temblar, sino en obedecer mientras confiamos.
¿Qué temor concreto está condicionando hoy una decisión que sabes que debes afrontar con fe?
Escribe ese temor y, debajo, anota una decisión obediente que puedas realizar antes de terminar el día.
Señor, cuando el miedo me paralice, recuérdame que estás conmigo. Dame serenidad para obedecer, sabiduría para decidir y fuerzas para avanzar sin apoyarme en mis propias capacidades. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.