10Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo á los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios.
11Si alguno habla, hable conforme á las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme á la virtud que Dios suministra: para que en todas cosas sea Dios glorificado por Jesucristo, al cual es gloria é imperio para siempre jamás. Amén.
Pedro presenta los dones como una administración, no como una propiedad privada. Cada persona ha recibido algo para beneficio de las demás, y tanto quien habla como quien sirve debe depender de Dios. Así se evita que el talento se convierta en plataforma personal o que el servicio se sostenga únicamente con agotamiento y orgullo. Pregúntate qué has recibido que todavía no estás compartiendo. Puede ser una habilidad práctica, una capacidad para escuchar, experiencia, tiempo o recursos. Empieza por un contexto seguro y pequeño. Sirve de manera que la atención se dirija a Dios y la persona ayudada conserve su dignidad. La excelencia cristiana no busca brillar por encima de otros, sino hacer visible la gracia recibida.
¿Qué don, recurso o experiencia estoy guardando para mí en lugar de administrarlo para el bien común?
Ofrece una capacidad concreta a tu comunidad y acuerda una primera forma de ponerla al servicio de alguien.
Dios de toda gracia, recuérdame que nada de lo recibido es solo mío. Enséñame a administrar mis dones con humildad, dependencia y verdadero beneficio para otras personas. Amén.
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