1EN el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.
2Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.
4Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.
5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas:
7Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.
Isaías no recibe primero una estrategia de servicio, sino una visión de la santidad de Dios. Ante ella reconoce su pecado y la insuficiencia de sus labios. La purificación precede al envío: el profeta no sirve para demostrar que es digno, sino porque ha sido alcanzado por la gracia y puesto en disposición de obedecer. El fervor auténtico nace de una adoración que nos descentra. Cuando solo pensamos en nuestro rendimiento, el servicio se vuelve una carga o una forma de buscar aprobación. Hoy adora a Dios por quién es, confiesa una actitud que necesita ser limpiada y acepta una responsabilidad concreta sin esperar reconocimiento. La disponibilidad humilde puede abrir una nueva etapa de fidelidad.
¿Mi deseo de servir nace de contemplar a Dios o de demostrar algo sobre mí mismo?
Dedica diez minutos a adorar en silencio y, después, acepta una tarea concreta que normalmente dejarías para otra persona.
Santo Dios, permite que tu presencia ordene mis deseos. Limpia mis labios, vence mi inseguridad y hazme disponible para servir donde quieras, con humildad, reverencia y confianza. Amén.
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