7Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.
Samuel esperaba que el futuro rey destacara como sus hermanos, pero Dios le enseñó a no confundir presencia exterior con disposición interior. El contexto no desprecia la apariencia; corrige la tendencia a convertirla en medida de valor. Dios ve la obediencia, los deseos, la humildad y la verdad que quedan ocultos cuando nadie está evaluando nuestra imagen. Esta palabra invita a examinar aquello que alimentamos en secreto. Antes de publicar una buena acción, pregúntate si también la harías sin recibir aprobación. Antes de juzgar a alguien por su aspecto o posición, escucha su historia con respeto. La integridad crece cuando nuestras acciones públicas y privadas se acercan. No podemos controlar todas las impresiones que causamos, pero sí podemos presentar a Dios un corazón sincero y dispuesto a ser corregido.
¿Qué aspecto de tu imagen cuidas más que la motivación real con la que estás actuando?
Realiza una tarea de servicio que nadie verá y ofrécela a Dios sin fotografiarla, anunciarla ni esperar agradecimiento.
Señor, mira y transforma mi corazón. Líbrame de vivir para las apariencias, enséñame a examinar mis motivos y forma en mí una integridad que permanezca cuando nadie me observa. Amén.
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