37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
En el Sermón del Monte, Jesús aborda los juramentos porque la gente había aprendido a usar fórmulas religiosas para aparentar credibilidad. Su enseñanza va más al fondo: la verdad debe formar parte del carácter, no depender de una promesa espectacular. Una persona íntegra no necesita manipular, exagerar ni esconder sus intenciones detrás de palabras solemnes. La práctica comienza con compromisos pequeños. Si no puedes asistir, dilo pronto; si cometiste un error, reconócelo sin excusas; si necesitas tiempo, no prometas una respuesta inmediata. Hablar con claridad puede resultar incómodo, pero evita expectativas falsas y construye confianza. Tus palabras cotidianas también son un espacio donde el evangelio se hace visible, especialmente en casa, en el trabajo y en la comunidad cristiana.
¿En qué conversación reciente suavizaste, exageraste u ocultaste la verdad para evitar una incomodidad?
Revisa un compromiso pendiente y comunica antes de terminar el día, con respeto y claridad, si lo cumplirás o necesitas renegociarlo.
Jesús, limpia mis palabras de exageración y engaño. Dame valentía para decir la verdad con amor, reconocer mis límites y ser una persona cuya palabra inspire confianza. Amén.
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