17Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente á los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
18Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos á trabarnos de la esperanza propuesta:
19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;
20Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec.
Hebreos anima a una comunidad cansada a no abandonar la esperanza. El autor recuerda que Dios confirmó su promesa de manera firme y que su carácter no cambia. La imagen del ancla es poderosa: no describe una vida sin movimiento, sino una seguridad que sostiene cuando las aguas interiores y exteriores son agitadas. Jesús está presente ante Dios como nuestro representante y mediador. Anclarte en Dios no significa que nunca sentirás dudas o miedo. Significa que tus emociones no tienen que ser el fundamento final de tu vida. Puedes avanzar lentamente, volver a las promesas bíblicas y buscar apoyo en la comunidad cristiana. Cuando no puedas producir esperanza por ti mismo, recibe la que Cristo mantiene firme. El descanso aparece al saber que tu seguridad no depende de tu fuerza de agarre.
¿Dónde estás intentando encontrar seguridad que solo puede sostenerse plenamente en Cristo?
Escribe una promesa bíblica que te sostenga y colócala donde puedas leerla durante esta semana.
Jesús, ancla segura de mi esperanza, sosténme cuando me sienta inestable. Afirma mi corazón en la fidelidad de Dios y guíame con paciencia hacia adelante. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.