1YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.
3Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.
4Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.
5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.
En su discurso de despedida, Jesús prepara a sus discípulos para vivir sin su presencia física inmediata. La imagen de la vid señala dependencia continua, no una visita ocasional. Una rama no produce fruto mediante tensión independiente, sino permaneciendo conectada a la fuente de vida. La poda también forma parte del cuidado del labrador, aunque pueda resultar incómoda. Nuestro cansancio aumenta cuando intentamos producir amor, paciencia o resultados espirituales desde la presión. Permanecer puede parecer menos espectacular: estar con Cristo, recibir su palabra, obedecer lo que ya entendemos y volver después de fallar. El descanso no es inactividad estéril; es dejar que la vida de Jesús alimente nuestras acciones. El fruto llega a su tiempo, sin que tengamos que forzarlo.
¿Qué estás intentando producir mediante esfuerzo desconectado de la presencia de Jesús?
Aparta quince minutos para leer Juan 15:1-5 y permanecer en silencio sin pedir resultados.
Señor Jesús, úneme más profundamente a ti. Líbrame de la prisa por demostrar fruto y enséñame a permanecer, recibir tu vida y obedecer con libertad. Amén.
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