5Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.
6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.
7Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.
8(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)
Juan presenta a Jesús plenamente involucrado en nuestra condición humana: llega cansado del viaje y se sienta. No considera la fatiga una falta espiritual ni oculta su necesidad. Desde esa pausa comienza el encuentro con la mujer samaritana, una conversación que cruzará barreras sociales, religiosas y personales. El descanso se convierte en un lugar donde la gracia puede hacerse visible. También nosotros podemos encontrarnos con Dios en momentos ordinarios: una silla, una pausa laboral, un vaso de agua, una conversación honesta. No necesitas estar en tu mejor versión para acercarte al Señor. Reconocer tus límites puede abrir espacio para escuchar, recibir y relacionarte con otros sin actuar desde la prisa. El Cristo cansado comprende tus cansancios y sigue siendo fuente de vida.
¿Qué necesidad humana estás tratando de esconder delante de Dios o de los demás?
Permítete una pausa consciente para beber agua y agradecer a Jesús por comprender tu humanidad.
Señor Jesús, gracias porque conoces el cansancio desde dentro. Encuéntrame en mis pausas ordinarias y transforma mis límites en espacios de comunión y gracia. Amén.
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