365 días con DiosUna mañana. Un encuentro.
Viernes, 8 de mayo de 2026 · otro día
Día128
SANAR EL CORAZÓN Y PERDONAR

La misericordia que recibimos

Efesios 2:4-10 RV1909

4Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó,

5Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos;

6Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús,

7Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:

9No por obras, para que nadie se gloríe.

10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:4-10. Paráfrasis: Dios, rico en misericordia, nos da vida con Cristo por gracia y nos crea de nuevo para realizar las buenas obras que preparó para nosotros.

Pablo contrasta la condición humana marcada por el pecado con la iniciativa compasiva de Dios. La salvación no nace de nuestros méritos, sino de la gracia que nos une a Cristo y nos da una vida nueva. Las buenas obras no compran esa salvación; son la respuesta de quienes han sido recreados para vivir de otra manera. Esta verdad toca directamente el perdón. Quien se sabe receptor de misericordia deja de medir a los demás únicamente por su peor momento. Eso no elimina la responsabilidad, pero sí evita una superioridad fría. Hoy recuerda una ocasión en la que Dios te perdonó o te sostuvo sin que pudieras presumir de tus méritos. Desde esa memoria, ofrece a alguien una respuesta paciente y concreta, sin negar lo que necesita cambiar.

Para reflexionar

¿Cómo debería cambiar tu manera de tratar a alguien cuando recuerdas la misericordia que tú has recibido?

Un paso para hoy

Haz una acción de bondad no anunciada por una persona con la que te cuesta tener paciencia.

Oremos

Padre misericordioso, gracias porque mi vida nueva nace de tu gracia. Líbrame de la superioridad, recuerda mi propia necesidad y hazme instrumento de compasión responsable. Amén.

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365 días con Dios · José Daniel Pulido Betancor
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