15Y viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.
16Y enviaron á decir á José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:
17Así diréis á José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.
18Y vinieron también sus hermanos, y postráronse delante de él, y dijeron: Henos aquí por tus siervos.
19Y respondióles José: No temáis: ¿estoy yo en lugar de Dios?
20Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida á mucho pueblo.
21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré á vosotros y á vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
Tras la muerte de Jacob, los hermanos de José temieron que él se vengara por haberlo vendido años atrás. José no negó la responsabilidad de ellos: dijo claramente que habían pensado hacerle mal. A la vez, reconoció la providencia de Dios, que había trabajado incluso en medio de una injusticia real para sostener a muchas personas durante el hambre. Perdonar no cambia la historia ni convierte el mal en algo aceptable. Cambia el poder que esa historia tiene sobre el futuro. José dejó de usar su autoridad para cobrar una deuda y la empleó para cuidar. Hoy, identifica una posición desde la que podrías castigar a alguien —una conversación, una decisión o una información— y decide utilizarla para actuar con justicia y misericordia.
¿En qué área tienes capacidad de devolver el daño, y cómo podrías usarla para hacer el bien?
Toma una decisión justa relacionada con tu conflicto, sin favorecer la venganza ni ocultar la verdad.
Dios de José, ayúdame a reconocer el daño sin vivir gobernado por él. Convierte mis oportunidades de poder en ocasiones de justicia, servicio y misericordia para otros. Amén.
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