10Y vió Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo.
Jonás 3:10 llega después de una respuesta sorprendente: una ciudad extranjera escucha la advertencia y abandona su violencia. El texto no presenta un arrepentimiento sentimental, sino visible. Dios observa ese cambio y actúa con misericordia. La escena prepara el conflicto del capítulo siguiente, donde Jonás tendrá que confrontar su resistencia a que Dios perdone a sus enemigos. La gracia puede incomodarnos cuando alcanza a personas que preferiríamos mantener bajo condena. Sin justificar el daño que hayan hecho, podemos dejar de alimentar el deseo de castigo y pedir que la verdad produzca transformación. Hoy revisa una opinión rígida sobre alguien y ora por un arrepentimiento real, empezando por tu propio corazón.
¿Qué persona o grupo te cuesta imaginar recibiendo la misericordia de Dios?
Ora por la transformación de alguien que te haya herido y renuncia conscientemente a repetir una frase de desprecio sobre esa persona.
Dios misericordioso, corrige mi dureza y enséñame a alegrarme cuando el arrepentimiento trae vida. Mantén la verdad firme en mí, pero líbrame del deseo de condenar. Amén.
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