31He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y la casa de Judá:
32No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fuí yo un marido para ellos, dice Jehová:
33Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
34Y no enseñará más ninguno á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce á Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
Jeremías habla a un pueblo que ha demostrado repetidamente que las normas externas no pueden producir por sí solas fidelidad interior. La promesa no consiste simplemente en recibir instrucciones nuevas, sino en una relación renovada: Dios escribirá su voluntad en el corazón y concederá perdón verdadero. En Cristo vemos cumplida esta esperanza. La obediencia cristiana no nace del miedo a ser descubierto, sino de una vida tocada por la gracia. Eso no elimina la disciplina; cambia su fuente. Hoy, en lugar de preguntarte solo qué está permitido, pregunta qué refleja el carácter de Dios. Escoge una práctica que alimente esa relación: orar, meditar en la Escritura y obedecer en lo cotidiano.
¿Qué obediencia necesitas dejar de realizar solo por obligación y comenzar a vivir desde una relación de amor con Dios?
Lee lentamente Jeremías 31:31-34 y anota una instrucción de Dios que pondrás en práctica antes de acostarte.
Dios del nuevo pacto, escribe tu voluntad en mi corazón. Que tu perdón transforme mis deseos y que mi obediencia nazca de una relación viva, agradecida y sincera contigo. Amén.
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