20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.
Pablo no está diciendo que haya dejado de existir, sino que su antigua manera de definirse y gobernarse perdió el centro. La unión con Cristo ha cambiado su identidad: ya no vive buscando justificarse mediante la ley o la aprobación humana. Su vida nueva se sostiene en la fe de aquel que le amó y se entregó por él. Esta verdad alcanza nuestras decisiones pequeñas. Si tu identidad depende de quedar bien, ganar discusiones o controlar resultados, vivirás agotado. Puedes empezar de otra manera: antes de reaccionar, recuerda que ya eres recibido en Cristo. Desde esa seguridad, responde con honestidad, pide ayuda cuando la necesites y sirve sin convertir el servicio en una prueba de valor.
¿Qué necesidad de aprobación está dirigiendo hoy tus decisiones más de lo que lo hace tu identidad en Cristo?
Antes de una conversación importante, repite en oración que tu valor está en el amor de Cristo y responde sin buscar impresionar.
Señor Jesús, gracias porque me amaste y te entregaste por mí. Ayúdame a vivir desde mi identidad renovada, libre de la necesidad de demostrar constantemente mi valor. Amén.
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