8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:
9No por obras, para que nadie se gloríe.
10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.
Pablo recuerda a la iglesia de Éfeso que nadie puede presentarse ante Dios presumiendo de sus logros espirituales. La salvación nace de la gracia y se recibe por la fe. Sin embargo, la gracia no nos deja inmóviles: después de decir que no somos salvados por obras, afirma que fuimos creados para hacer el bien. Esta verdad libera tanto del orgullo como de la desesperación. No tienes que demostrar tu valor, pero sí puedes responder agradecido con una vida disponible. Pregunta qué buena obra puede realizarse hoy a través de ti: escuchar con paciencia, reparar una ofensa, compartir con generosidad o servir sin aplausos. La nueva vida siempre encuentra una forma concreta de amar.
¿Qué buena obra puedes hacer hoy como respuesta agradecida a la gracia, no para ganarla?
Elige a una persona concreta y realiza por ella un acto de servicio que no espere recompensa ni reconocimiento.
Dios de gracia, gracias por salvarme sin que pudiera comprar tu favor. Hazme humilde para recibir y diligente para servir, mostrando tu amor en acciones sencillas y fieles. Amén.
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