1JEHOVA, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; Ni anduve en grandezas, Ni en cosas para mí demasiado sublimes.
2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, Como un niño destetado de su madre: Como un niño destetado está mi alma.
3Espera, oh Israel, en Jehová Desde ahora y para siempre.
Este salmo breve no celebra la ignorancia, sino una humildad que reconoce sus límites. El salmista deja de perseguir asuntos demasiado grandes para él y encuentra descanso como un niño satisfecho junto a su madre. La imagen no habla de inmadurez, sino de una confianza que ya no necesita controlar cada resultado para sentirse segura. Vivimos rodeados de urgencias, comparaciones y noticias que reclaman nuestra atención. A veces confundimos responsabilidad con la obligación de resolverlo todo. Esperar en Dios puede incluir apagar una pantalla, aceptar que hoy no tendremos todas las respuestas y volver a la tarea que sí nos corresponde. Una persona aquietada no es indiferente; está disponible para actuar sin ser arrastrada por la ansiedad. El descanso también puede ser una obediencia.
¿Qué asunto estás intentando controlar aunque sabes que hoy excede tus posibilidades?
Apaga durante quince minutos las notificaciones del teléfono y permanece en silencio, repitiendo lentamente: «Mi esperanza está en el Señor».
Padre, aquieta mi alma cuando quiera controlar lo que me supera. Enséñame a aceptar mis límites, descansar en tu cuidado y volver con serenidad a las responsabilidades de este día. Amén.
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