11Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré.
12Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
13Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras: y las meteré en su tierra, y las apacentaré en los montes de Israel por las riberas, y en todas las habitaciones del país.
14En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormirán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
15Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová.
16Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas á la gruesa y á la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en juicio.
Ezequiel denuncia a pastores que se alimentaban a sí mismos y descuidaban al rebaño. Frente a ese fracaso, Dios promete buscar personalmente a las ovejas dispersas y atender de manera especial a las heridas y débiles. Su liderazgo no es explotación, sino cuidado que restaura. Este pasaje puede sanar una imagen de Dios deformada por malos ejemplos humanos. Si alguien te decepcionó espiritualmente, puedes reconocer el daño sin concluir que el Padre es igual. Busca acompañamiento seguro, con transparencia y límites. Y si tienes responsabilidad sobre otras personas, revisa si estás pidiendo resultados sin preguntar por sus cargas.
¿Qué experiencia de liderazgo humano ha afectado tu confianza, y qué cuidado seguro necesitas recibir ahora?
Revisa una responsabilidad que tienes y pregunta a una persona concreta qué apoyo necesita, escuchando sin defenderte.
Buen Pastor, busca las partes de mi vida que están dispersas y heridas. Sana mi confianza en ti y hazme una persona que cuide sin aprovecharse de quienes dependen de mí. Amén.
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