25Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.
26Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
27Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley.
28Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:
29Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;
30Porque han visto mis ojos tu salvación,
31La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
32Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.
Simeón vive en una espera larga, dentro de un pueblo que anhela consuelo y libertad. Cuando ve a Jesús, no encuentra todavía una solución política visible; encuentra al niño que encarna la salvación de Dios. Su esperanza le ha enseñado a reconocer una promesa en una escena humilde y a celebrar antes de conocer todo su desarrollo. Al cerrar este ciclo, podemos revisar nuestras expectativas. Quizá Dios no haya respondido como imaginábamos, pero eso no significa que haya estado ausente. Esperar con propósito es mantener los ojos abiertos para reconocer su presencia, recibir con gratitud lo que hoy entrega y bendecir a otros con la esperanza que hemos recibido. El año termina; la fidelidad de Dios continúa.
¿Qué señal humilde de la presencia y fidelidad de Dios puedes reconocer hoy sin exigirle que se manifieste como imaginabas?
Haz una lista de cinco maneras en que Dios te sostuvo este año y comparte una de ellas con alguien cercano.
Señor, enséñame a esperar como Simeón, con ojos atentos y corazón disponible. Al cerrar este año, ayúdame a reconocer tu fidelidad, recibir tu consuelo y caminar hacia el futuro con esperanza. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.