6Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová á Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
7¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido á llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia á ella.
8Y fué palabra de Jehová á mí, diciendo:
9Las manos de Zorobabel echarán el fundamento á esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió á vosotros.
10Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alergrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Aquellas siete son los ojos de Jehová que recorren por toda la tierra.
La comunidad que regresó del exilio debía reconstruir un templo entre oposición, cansancio y recuerdos de una gloria anterior. Zorobabel podía sentirse pequeño frente al tamaño de la tarea. Dios no niega la dificultad, pero cambia la medida del éxito: la obra avanzará por su Espíritu y el inicio humilde merece atención y alegría. Nos cuesta valorar lo que aún no impresiona. Queremos una transformación completa, una audiencia grande o una solución inmediata. Sin embargo, un hábito santo, una disculpa sincera, una página escrita o una conversación iniciada pueden ser ladrillos de una obra duradera. La esperanza aprende a agradecer el comienzo sin confundirlo con el final.
¿Qué comienzo pequeño estás despreciando porque todavía no se parece al resultado que deseas?
Dedica quince minutos a iniciar esa tarea significativa y registra el avance, aunque parezca modesto.
Señor, fortalece mis comienzos pequeños por tu Espíritu. Líbrame de despreciar los avances humildes, dame constancia para continuar y enséñame a celebrar la fidelidad antes de ver la obra terminada. Amén.
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