12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor;
13Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
14Haced todo sin murmuraciones y contiendas,
15Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;
16Reteniendo la palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.
Pablo escribe a una iglesia amada y le pide que continúe obedeciendo incluso cuando él no está presente. La responsabilidad personal no excluye la obra de Dios; ambas se encuentran. Dios despierta el querer y el hacer, mientras la comunidad aprende a vivir sin quejas, unida y aferrada a la palabra de vida. El testimonio se vuelve visible en el carácter cotidiano. Cuando el ambiente desanima, puedes recuperar el fervor cuidando la manera de reaccionar. Hoy identifica una queja repetida y conviértela en una oración o en una propuesta responsable. Busca también una oportunidad para actuar con integridad donde nadie te premie. Brillar no significa llamar la atención, sino ofrecer una diferencia limpia y esperanzada en medio de la oscuridad.
¿Qué actitud cotidiana está oscureciendo mi testimonio y necesita ser entregada a Dios?
Sustituye una queja habitual por una oración breve y una acción constructiva que contribuya a resolver el problema.
Dios que obras en mí, despierta deseos santos y fortalece mi obediencia. Hazme brillar con humildad, sin quejas ni apariencias, aferrado a tu palabra y lleno de esperanza. Amén.
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