10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.
Pablo coloca las buenas obras después de la gracia, no como una forma de comprar salvación, sino como el fruto de una vida nueva. La identidad precede a la tarea: somos obra de Dios antes de intentar demostrar nuestra utilidad. Desde esa seguridad podemos servir sin competir ni medir nuestro valor por la cantidad de actividades que acumulamos. Recuperar el fervor implica descubrir dónde se encuentran hoy esos caminos de bien. No tienen que ser espectaculares. Puede ser enseñar con paciencia, acompañar a una persona mayor, cumplir con honestidad o usar una capacidad para fortalecer a la comunidad. Pide a Dios que te muestre una obra cercana y hazla sin compararte. La gracia libera del orgullo y también de la pasividad.
¿Estoy sirviendo para sentir que valgo, o desde la seguridad de que ya soy obra de Dios?
Haz una lista de tres capacidades que Dios te ha dado y ofrece una de ellas en una necesidad concreta de tu comunidad.
Señor, gracias porque mi identidad nace de tu gracia. Muéstrame las buenas obras que has puesto delante de mí y líbrame de compararme mientras las realizo. Amén.
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