9Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá á ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna.
10Y de Ephraim destruiré los carros, y los caballo de Jerusalem; y los arcos de guerra serán quebrados: y hablará paz á las gentes; y su señorío será de mar á mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
Zacarías habla a un pueblo cansado de conflictos y expectativas políticas. El Rey prometido no llega con la ostentación de los conquistadores, sino con humildad. Su poder no depende de armas ni de imponerse por la fuerza; establece paz y extiende su dominio con justicia. Jesús asumirá esta imagen al entrar en Jerusalén. La cruz muestra hasta dónde llega ese reinado humilde: el Rey vence entregándose. Seguirle implica revisar la manera en que usamos nuestra influencia. En casa, en la iglesia o en el trabajo, podemos buscar controlar o podemos servir. Elige hoy una conversación en la que renuncies a tener la última palabra para escuchar, comprender y construir paz.
¿En qué relación necesitas sustituir la necesidad de controlar por una actitud humilde y pacificadora?
Escucha durante cinco minutos a alguien con quien discrepas, sin interrumpirle ni preparar una respuesta mientras habla.
Rey Jesús, forma en mí tu humildad. Que no use el poder para imponerme, sino para servir, escuchar y llevar la paz que nace de tu cruz. Amén.
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