16Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á Jesús, y le llevaron.
17Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgotha;
18Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesús en medio.
Juan narra la crucifixión con sobriedad. Jesús es conducido fuera de la ciudad, hasta un lugar de vergüenza y muerte. No aparece como víctima de un accidente histórico, sino como el Rey que se entrega voluntariamente dentro del propósito redentor de Dios. La cruz nos obliga a mirar de frente el precio del amor. En nuestras rutinas podemos acostumbrarnos a mencionar la cruz sin dejar que transforme nuestras decisiones. Detenernos ante ella nos recuerda que la gracia no es barata y que tampoco estamos abandonados. Si Cristo permaneció fiel en la hora más oscura, puedes confiarle tu día, reconciliarte con alguien y escoger la verdad aunque resulte incómoda.
¿Qué decisión concreta cambiaría si recordaras hoy el precio que Cristo pagó por ti?
Reserva diez minutos de silencio, lee Juan 19:16-18 y escribe una respuesta personal de gratitud por la entrega de Jesús.
Jesús, llévame a contemplar tu cruz con reverencia. Que tu entrega despierte gratitud, firmeza y amor práctico para vivir la verdad y servir a quienes has puesto cerca de mí. Amén.
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