1NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
2En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.
3Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
4Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.
5Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
6Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.
Jesús habla en la noche de su entrega, cuando los discípulos están a punto de perder la seguridad que su presencia visible les daba. No les ofrece detalles completos sobre lo que ocurrirá; les ofrece su persona y una promesa de comunión futura. «No se turbe vuestro corazón» no es una orden para negar el dolor, sino una invitación a confiar en medio de él. Hay temporadas en que no puedes comprender el camino, pero sí puedes aferrarte a quien es el camino. La fe descansa no porque tenga un mapa exhaustivo, sino porque conoce al guía. Permite que tus preguntas existan sin convertirlas en la única voz. Jesús sigue siendo la verdad que orienta y la vida que sostiene cuando las certezas visibles se mueven.
¿Qué necesitas confiar a Jesús aunque todavía no entiendas cómo se resolverá?
Repite tres veces, lentamente: «Jesús, tú eres mi camino», especialmente cuando aparezca la inquietud.
Jesús, cuando mi corazón se turbe, vuelve a centrarme en ti. Sé mi camino en la incertidumbre, mi verdad en la confusión y mi vida en toda temporada. Amén.
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