37Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
38Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
En Pentecostés, Pedro no ofrece una experiencia separada de la cruz. Anuncia que Jesús, rechazado y crucificado, ha sido resucitado por Dios. La palabra atraviesa a quienes escuchan y produce una pregunta urgente: qué deben hacer. La respuesta une arrepentimiento, bautismo y la promesa del Espíritu para ellos y sus descendientes. La convicción del Espíritu no busca destruirte, sino llevarte a una respuesta. Si una palabra de Dios ha puesto algo en evidencia, no la apartes con distracciones. Nombra el pecado, busca acompañamiento y da un paso público o verificable de obediencia según corresponda. La nueva vida comienza cuando dejamos de negociar con la verdad recibida.
¿Qué verdad has reconocido recientemente y sigues posponiendo llevar a la práctica?
Comparte con tu mentor o pastor una convicción concreta y acuerda una acción que puedas realizar esta semana.
Espíritu Santo, hazme sensible a tu verdad. Que la convicción me conduzca al arrepentimiento, a la obediencia y a una vida abierta a la transformación que produces. Amén.
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