27Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;
28Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
30Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.
31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:
32Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.
33Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.
34Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.
35Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.
36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
Jesús habla a discípulos que viven en un mundo donde la reciprocidad parece la regla: amar a quien ama y devolver el trato recibido. Su enseñanza rompe esa lógica. Bendecir no significa aprobar la violencia ni buscar cercanía con alguien peligroso; significa negarse a desear su destrucción y actuar de acuerdo con el carácter misericordioso del Padre. Una oración honesta puede ser el primer paso: pedir que Dios confronte, transforme y haga justicia. También puedes practicar una bendición indirecta, como no sabotear una oportunidad, no difundir información privada o cumplir una obligación sin añadir desprecio. Hoy elige una acción que corte tu participación en el daño. La misericordia cristiana no nace de sentir simpatía, sino de obedecer mientras Dios trabaja en el corazón.
¿Qué acción concreta demostraría que ya no quieres participar en el daño hacia esa persona?
Ora por el bien espiritual de quien te hirió y renuncia a una conducta que pudiera perjudicarle injustamente.
Padre, enséñame a bendecir sin negar el daño. Guarda mi corazón de la venganza, protege a quienes lo necesitan y hazme obediente a tu misericordia. Amén.
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