14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:
15Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
Hebreos anima a una comunidad cansada a perseverar en la fe. La advertencia sobre la raíz de amargura muestra que el resentimiento rara vez permanece aislado: puede afectar conversaciones, decisiones y vínculos enteros. No basta con evitar una explosión visible; hay que vigilar lo que se alimenta en secreto. Buscar la paz requiere iniciativa, pero también una vida orientada hacia la santidad y la gracia. La amargura suele anunciarse mediante pequeñas frases repetidas: «que pague», «nunca cambiará», «todos deben saberlo». Hoy detecta una de esas frases y observa qué conducta produce en ti. No la combatas con negación; llévala a Dios, escribe los hechos sin adornos y habla con alguien sabio. Después, corta una vía de contaminación: deja de difundir el conflicto o de revisar obsesivamente lo que hace la otra persona.
¿Qué pensamiento repetido está alimentando amargura en tu interior y afectando a otros?
Identifica una forma de difundir el resentimiento y deténla durante los próximos siete días.
Señor, arranca de mí la raíz de amargura antes de que contamine mis relaciones. Ayúdame a buscar la paz, recibir tu gracia y hablar con sabiduría sobre el dolor. Amén.
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