1POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,
2Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios.
3Reducid pues á vuestro pensameinto á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.
Hebreos cierra nuestro recorrido con una imagen de carrera, pero no de competencia individual. Hay una gran nube de testigos y una ruta que cada persona debe recorrer con perseverancia. El consejo es quitar pesos y pecado: no todo lo que cargamos es necesariamente malo, pero algunas cosas nos impiden avanzar. La mirada se dirige a Jesús, que soportó vergüenza y oposición sin abandonar su misión. Aprender a confiar no termina cuando comprendemos una idea; continúa mientras ajustamos el paso. Podemos soltar una comparación, una culpa ya confesada, una expectativa imposible o un hábito que nos desgasta. También podemos aceptar que la perseverancia se construye con ritmos sostenibles y apoyo comunitario. Jesús no es solo el ejemplo distante al final del camino; es quien nos precede y sostiene. Hoy corremos mirando su fidelidad, un día a la vez.
¿Qué peso necesitas dejar para seguir a Jesús con mayor libertad, perseverancia y atención?
Elige un peso concreto que puedas soltar esta semana y elimina hoy una práctica, objeto o compromiso que lo alimenta.
Jesús, fija mis ojos en ti mientras avanzo. Muéstrame qué peso debo soltar, dame perseverancia para continuar y ayúdame a confiar en tu fidelidad un día más. Amén.
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