5¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar Por las saludes de su presencia.
En el Salmo 42:5, el salmista no reprende su alma con dureza ni finge estar animado. Reconoce que está abatido y, desde esa realidad, se hace una pregunta: ¿por qué te turbas? Luego dirige su esperanza hacia Dios. Hablarle al alma con la verdad no es negar las emociones; es impedir que se conviertan en la autoridad final. Hay días en que el ánimo despierta tarde y las fuerzas parecen llegar después de la primera tarea. En esos momentos, podemos nombrar la tristeza, buscar compañía sabia y recordar que esperar en Dios es una postura activa de confianza. La esperanza quizá no cambie de inmediato la circunstancia, pero reorienta la mirada hacia el Dios que sigue siendo digno de alabanza.
¿Qué verdad del carácter de Dios necesitas decirle hoy a tu alma abatida?
Escribe una frase de esperanza basada en la Escritura, léela en voz alta y compártela con alguien de confianza si estás atravesando tristeza persistente.
Señor, recibes mi alma cuando está abatida. Enséñame a hablarme con verdad, a pedir compañía cuando la necesite y a esperar en ti aun antes de sentirme fuerte. Amén.
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