8Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados.
9Hospedaos los unos á los otros sin murmuraciones.
10Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo á los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios.
11Si alguno habla, hable conforme á las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme á la virtud que Dios suministra: para que en todas cosas sea Dios glorificado por Jesucristo, al cual es gloria é imperio para siempre jamás. Amén.
Pedro escribió a creyentes que afrontaban presión y rechazo por su fe. En vez de recomendar aislamiento, les pidió fortalecer el amor, ofrecer hospitalidad y poner sus dones al servicio de la comunidad. La instrucción incluye hablar y ayudar con la fuerza que Dios proporciona, de modo que la atención no se centre en la persona que sirve, sino en la honra a Dios. Servir puede cansar cuando sentimos que todo depende de nosotros. El texto combina generosidad con administración: cada don es recibido, pero también tiene límites y propósito. Identifica una capacidad que otros reconocen en ti y úsala durante un periodo definido, con descanso y colaboración. Si sabes enseñar, escucha primero; si sabes organizar, comparte el método. Un don se vuelve generoso cuando equipa a más personas.
¿Qué capacidad recibida podrías poner al servicio de otros sin convertirla en una fuente de orgullo?
Ofrece una habilidad concreta durante dos horas este mes y pregunta a otra persona cómo puede aprenderla contigo.
Señor, gracias por las capacidades que me has confiado. Enséñame a servir con humildad, límites saludables y deseo de capacitar a otros para que también puedan aportar. Amén.
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