17A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos:
18Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen;
19Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano á la vida eterna.
En su carta a Timoteo, Pablo ofrece orientación pastoral para personas creyentes con recursos materiales. No las acusa por tenerlos ni les exige una exhibición de pobreza. Les recuerda que la riqueza es incierta y que la esperanza debe estar en Dios. Después transforma la enseñanza en instrucciones concretas: hacer bien, ser generosos y compartir, construyendo así un fundamento duradero. Tener capacidad económica puede convertirse en una oportunidad de servicio si se administra con conciencia. Piensa más allá de donaciones esporádicas: puedes financiar formación, contratar justamente, sostener un proyecto local o crear una reserva para emergencias de alguien cercano. Decide una práctica estable que no dependa de tu estado de ánimo. La generosidad constante hace visible aquello que realmente consideramos valioso.
¿Qué decisión financiera mostraría que tu esperanza no descansa en la acumulación?
Establece una transferencia mensual automática hacia un proyecto de ayuda que hayas verificado.
Dios fiel, guarda mi esperanza de la inestabilidad de las riquezas. Que mis recursos produzcan bien, justicia y oportunidades, y que compartir sea una práctica constante. Amén.
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