13Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes.
14Aguarda á Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera á Jehová.
El salmista ha hablado de enemigos y amenazas, pero termina dirigiéndose a sí mismo. Sabe que la espera puede desgastar la esperanza, así que se exhorta a permanecer firme. Esperar en Dios no es cruzarse de brazos ni exigir una fecha; es mantener el corazón disponible para obedecer mientras la respuesta tarda. En una espera prolongada, establece un ritmo que proteja tu alma. Reserva un momento diario para orar, continúa con tus responsabilidades y limita la cantidad de veces que revisas aquello que no puedes acelerar. También celebra pequeñas evidencias de bondad: una conversación, una oportunidad, un descanso. La esperanza se alimenta de recordar quién es Dios, no de fabricar certezas sobre el resultado.
¿Cómo está afectando tu espera a tus hábitos diarios y qué ritmo más saludable necesitas recuperar?
Fija diez minutos de oración sin móvil y termina escribiendo una evidencia concreta de la bondad de Dios.
Señor, despierta mi esperanza durante la espera. Fortalece mi corazón para permanecer fiel, cuidar mis hábitos y reconocer tu bondad sin exigir controlar los tiempos. Amén.
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