10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.
12Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
13Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.
El Salmo 51 nace de una confesión profunda. David no intenta recuperar su utilidad pública ocultando su pecado; pide primero una renovación interior. Sabe que el servicio no puede sostenerse indefinidamente sobre la culpa, la apariencia o la autosuficiencia. Necesita que Dios restaure su interior y le devuelva una alegría que no dependa de su reputación. El fervor espiritual no consiste en aparentar fortaleza, sino en permitir que el Espíritu Santo trate con honestidad nuestras motivaciones. Hoy dedica un tiempo a confesar sin excusas aquello que te está enfriando. Después, en lugar de quedarte paralizado, comparte una palabra de ánimo con alguien. La gracia recibida puede convertirse en gracia ofrecida.
¿Hay algo que necesito confesar y entregar a Dios antes de intentar servir con mis propias fuerzas?
Escribe una oración de confesión sincera y envía después un mensaje de ánimo a una persona que atraviese una lucha.
Padre misericordioso, limpia mis motivaciones y renueva mi espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación para que mi servicio nazca de la gratitud, la verdad y la compasión. Amén.
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