28¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
30Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen:
31Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas, correrán, y no se cansarán, caminarán, y no se fatigarán.
Isaías dirige estas palabras a un pueblo que se siente olvidado en el exilio. La pregunta «¿no has sabido?» confronta la idea de que Dios se ha quedado sin recursos o ha dejado de ver. Él no se fatiga como nosotros y comparte fuerza con quienes reconocen su debilidad. La renovación prometida no elimina el proceso: incluye correr, caminar y seguir avanzando. A veces esperamos una energía extraordinaria y despreciamos la gracia suficiente para dar el siguiente paso. El texto no avergüenza al cansado; le ofrece una esperanza sostenida en el carácter de Dios. Descansar puede significar aceptar un ritmo más lento, pedir ayuda y continuar sin compararte. El Señor no exige que aparentes alas; puede encontrarte precisamente mientras caminas con dificultad.
¿Qué tipo de fortaleza necesitas hoy: correr, caminar o simplemente no rendirte?
Reduce una exigencia innecesaria y pide ayuda concreta a una persona de confianza.
Dios eterno, tú no te cansas ni me olvidas. Renueva mis fuerzas según tu sabiduría y acompáñame en el paso que hoy sí puedo dar. Amén.
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