6Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás á este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré á sus padres que la daría á ellos.
7Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme á toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni á diestra ni á siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres.
8El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.
Josué recibió una tarea enorme después de la muerte de Moisés: conducir al pueblo hacia la tierra prometida. La valentía que Dios le pidió no era temeridad ni confianza en sus propias capacidades. Estaba vinculada a obedecer, recordar la palabra y caminar consciente de la presencia divina. El valor bíblico no elimina toda sensación de temor; decide avanzar sin permitir que el temor gobierne. Quizá hoy no tengas que cruzar un río, pero sí afrontar una conversación, una decisión o una responsabilidad que has estado evitando. Define cuál es el siguiente paso obediente, no todo el recorrido. Lee un pasaje que oriente tu decisión, pide consejo prudente y actúa con fidelidad. La presencia de Dios sostiene el proceso, pero no sustituye tu responsabilidad de obedecer.
¿Qué paso correcto estás posponiendo porque esperas sentirte completamente seguro?
Divide una decisión difícil en una acción de obediencia que puedas realizar antes de que termine el día.
Señor, fortalece mi corazón para obedecerte cuando sienta temor. Recuérdame tu presencia, afirma mis pasos y ayúdame a actuar con valentía, prudencia y fidelidad. Amén.
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