23Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
24Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,
25Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.
Juan distingue entre una fe impresionada por las señales y una confianza profunda en Jesús. Aunque muchas personas expresaron creencia, Jesús conocía sus motivaciones y no dependía de la aprobación de la multitud. Su amor no era ingenuo: veía el interior de las personas y actuaba con discernimiento. Después de una traición, quizá pienses que perdonar exige confiar de inmediato. Este pasaje muestra otra posibilidad: puedes amar y mantener una evaluación prudente del carácter y de los hechos. La confianza se reconstruye mediante tiempo, coherencia, límites y responsabilidad, no solo mediante palabras emotivas. Hoy define una señal observable que necesitarías ver antes de compartir de nuevo información, dinero, intimidad o autoridad con alguien.
¿Qué diferencia necesitas establecer entre perdonar a alguien y volver a confiar plenamente en esa persona?
Define un criterio observable para reconstruir la confianza y comunícalo con serenidad si resulta necesario.
Jesús, dame un corazón dispuesto a perdonar y una mente guiada por discernimiento. Líbrame de la ingenuidad y del cinismo, y enséñame a reconstruir la confianza con hechos. Amén.
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