1AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.
2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
3Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
4Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu.
Romanos 8 comienza con una declaración dirigida a personas que todavía luchan con el pecado: en Cristo no hay condenación. Pablo no dice que no existan consecuencias ni corrección, sino que la sentencia final ya no define a quienes pertenecen a Jesús. La ley del Espíritu trae una libertad que la fuerza humana no podía producir. Algunas personas perdonan a otros, pero siguen castigándose por errores pasados. La vergüenza puede parecer humildad, aunque en realidad se resista a recibir la gracia. Hoy distingue entre arrepentimiento y condenación: el arrepentimiento nombra el pecado y cambia de dirección; la condenación repite que eres irremediable. Confiesa lo que corresponda, repara el daño posible y después deja de usar tu fracaso como identidad.
¿Qué diferencia hay entre asumir responsabilidad por tu pasado y seguir condenándote por él?
Escribe una reparación concreta que aún puedas realizar y una frase de gracia basada en tu identidad en Cristo.
Jesús, gracias porque en ti no hay condenación. Enséñame a arrepentirme sin despreciarme, reparar lo posible y recibir la libertad del Espíritu para vivir una vida nueva. Amén.
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