4Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
5No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;
6El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
7Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.
Tito presenta la salvación como la aparición de la bondad de Dios en medio de una historia humana que no podía arreglarse a sí misma. Pablo insiste en que la base no son nuestras obras justas, sino la misericordia. El Espíritu realiza una renovación interior y la gracia nos coloca en una nueva posición delante de Dios. Esta enseñanza protege la alegría cristiana de dos extremos: presumir de méritos o despreciarnos por nuestras limitaciones. Puedes trabajar, servir y crecer sin convertir cada esfuerzo en una moneda para comprar aceptación. Antes de comenzar tus tareas, recuerda que ya has recibido gracia. Desde ahí, haz tu trabajo con responsabilidad y trata a los demás con la misma paciencia recibida.
¿Qué esfuerzo estás utilizando para intentar comprar una aceptación que Dios ya te ofrece por gracia?
Comienza tu tarea principal agradeciendo durante un minuto por la misericordia recibida y no por tus resultados futuros.
Padre, gracias por salvarme por misericordia y renovarme por tu Espíritu. Líbrame de presumir o despreciarme, y enséñame a vivir con responsabilidad desde la seguridad de tu gracia. Amén.
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