25Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
26Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.
27Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.
Ezequiel anuncia restauración a un pueblo que ha profanado el nombre de Dios y ha perdido su tierra por su infidelidad. La esperanza no se basa en que Israel consiga mejorar mediante esfuerzo propio. Dios mismo promete limpiar, cambiar el corazón y poner su Espíritu para hacer posible una obediencia nueva. La vida en Cristo también comienza con una iniciativa divina. El Espíritu Santo no es un adorno de la fe, sino quien forma en nosotros deseos y fuerzas para caminar con Dios. Hoy presta atención a una resistencia interior: una amargura, una costumbre o una mentira. Preséntala al Señor y coopera con su obra dando un paso concreto de pureza y verdad.
¿Qué parte de tu interior necesita hoy la limpieza y renovación que solo Dios puede producir?
Elimina de tu entorno una ocasión concreta de pecado y sustitúyela por una práctica que alimente tu comunión con Dios.
Señor, límpiame y dame un corazón nuevo. Que tu Espíritu guíe mis deseos y decisiones, y ayúdame a colaborar con tu obra mediante pasos concretos de obediencia. Amén.
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