6¿Con qué prevendré á Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
7¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?
8Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
El pueblo pregunta qué ofrenda debe presentar para acercarse a Dios, aumentando progresivamente el valor de sus propuestas. La respuesta del profeta desmonta la idea de que una ceremonia costosa puede compensar una vida injusta. Dios ya ha mostrado lo que es bueno: practicar justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Él. La confianza verdadera se reconoce en la forma de tratar a quienes tienen menos poder. No podemos separar devoción y conducta. Orar y cantar tienen sentido cuando nos vuelven más honestos, compasivos y responsables. Practicar justicia puede implicar corregir una ventaja injusta, escuchar a alguien ignorado o cumplir una palabra dada. Amar misericordia exige más que sentir lástima; supone acercarse con respeto. Caminar humildemente significa aceptar que todavía necesitamos aprender y cambiar. Dios forma una confianza que se vuelve visible en las relaciones.
¿Qué práctica religiosa necesitas acompañar hoy con una decisión concreta de justicia o misericordia?
Corrige una situación pequeña en la que te has beneficiado injustamente y hazlo sin buscar reconocimiento.
Dios santo, libra mi fe de las apariencias. Enséñame a practicar justicia, amar la misericordia y caminar humildemente contigo, especialmente en las decisiones que afectan a otras personas. Amén.
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