6Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos.
7Ciertamente apenas muere algun por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno.
8Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Pablo subraya el momento en que Cristo actúa: no cuando la humanidad ya se había vuelto admirable, sino cuando era débil y rebelde. La cruz no es una recompensa por rendimiento espiritual; es la iniciativa del amor de Dios hacia personas necesitadas de reconciliación. Esta verdad cambia dos posturas. Te permite dejar de negociar con Dios desde la vergüenza y también te impide considerarte superior a quien aún está luchando. Hoy, al reconocer un fallo, no lo excuses ni te escondas: confiésalo y vuelve a la gracia. Después trata con dignidad a alguien cuya conducta desapruebas, sin aprobar el mal.
¿Cómo cambiaría tu forma de afrontar el fracaso si recordaras que Cristo te amó antes de que pudieras presentarte como digno?
Confiesa una falta sin justificarla y ofrece a otra persona un trato respetuoso, aunque necesites mantener un límite claro.
Cristo, gracias por amarme en mi debilidad y pecado. Que tu cruz me libre de la vergüenza y del orgullo, y me enseñe a confesar, reparar y tratar con dignidad. Amén.
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