1POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,
2Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios.
Hebreos 12 presenta la vida de fe como una carrera que se corre con perseverancia. Después de recordar testigos que vivieron confiando en Dios, el autor llama a quitar todo peso y el pecado que enreda. No todo peso es necesariamente pecado; puede ser una distracción legítima que, sin embargo, está impidiendo avanzar. El centro de la carrera no es nuestra resistencia, sino Jesús, quien inicia y completa la fe. Mirarlo incluye contemplar su cruz, su paciencia y su victoria, especialmente cuando el cansancio hace que comparemos nuestro ritmo con el de otros. Hoy volver al centro puede significar simplificar una agenda, confesar una atadura o dejar de alimentar una comparación. La perseverancia nace cuando la mirada recupera su dirección.
¿Qué peso innecesario está disminuyendo tu perseverancia y apartando tu mirada de Jesús?
Identifica un peso concreto, toma una decisión práctica para reducirlo y reemplaza ese tiempo por una mirada intencional a Cristo en la Escritura.
Señor Jesús, vuelve a ser el centro de mi mirada. Muéstrame qué debo dejar, fortalece mi perseverancia y ayúdame a correr con paciencia, sostenido por tu obra completa. Amén.
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